Una excursión inolvidable en Ribadesella
Este año la excursión de fin de curso para los alumnos de 1º y 2º de ESO, fue algo inesperada en todos los sentidos, ya sea por el lugar al que fuimos (normalmente solíamos ir a la montaña) y otra por la incertidumbre con la que nos mantuvieron durante varias semanas. Primero, nos dijeron como todos los años los detalles y las fechas de la excursión, pero muchas personas decidieron no ir, por lo que la excursión en principio quedaba suspendida.
El profesor de gimnasia junto con la dirección del colegio intentaron organizar otra salida más barata y cercana, pero unos tres días antes de las fechas previstas inicialmente, nos comunicaron que sí que iríamos de excursión a Ribadesella, como en principio habían planeado. Por una parte ya no contábamos con ella y nos dio una alegría que se retomase la idea, pero por la contra coincidía con la graduación de los alumnos de 2º de BAC y sería una pena perderla. Finalmente, sobre 30 alumnos entre los dos cursos, nos animamos a ir a esta excursión para desconectar unos cuantos días de los libros y de los temidos últimos exámenes.
Por lo que en la mañana del día 23 de mayo, salimos sobre las 10h del colegio con muchas ganas de pasarlo bien. El viaje se hizo corto, y en unas 4h llegamos al albergue Roberto Frasinelli, que para nuestra alegría ¡estaba en primera línea de playa! Allí comimos los bocadillos que llevábamos en las mochilas y conocimos a los monitores que nos iban a acompañar durante toda la excursión. Además, esa misma tarde hicimos una de las actividades más esperadas… ¡paintball!, un juego muy de moda actualmente, que consiste en una guerra con pistolas que disparan bolas de pintura, pero aunque parece solo un juego de niños, puedes acabar lesionado si no se cumplen una serie de medidas o si no se lleva la protección necesaria. Esta actividad nos resultó a todos muy divertida pero luego tuvimos que regresar al albergue, ducharnos e ir a cenar.
Esa noche hicimos un juego por grupos que consistía en cantar todas las canciones posibles, pero sin duda alguna lo más divertido fue cuando subimos a las habitaciones para “dormir”, aunque creo que los monitores no se lo pasaron tan bien como nosotros (tuvieron que echar algunas pequeñas broncas), pero al final nos portamos bastante bien…
El segundo día yo lo describiría como el día perfecto, ya que hicimos la actividad por la que muchos niños vinimos a la excursión, ¡el descenso del Sella! Todos estábamos algo nerviosos, aunque había bastante gente que ya lo había realizado. Aún así, recibimos una explicación básica de cómo manejar la canoa, un neopreno, y un bote para meter nuestra comida. |
Sobre las 11:30 de la mañana emprendíamos este tradicional descenso, cada uno con su pareja. Hubo algunas caídas sin importancia y sobre todo muchas risas. Lo malo fue que el día empezó a enfriarse, pero no podíamos dar vuelta atrás en el medio del río, así que todos aguantamos como auténticos deportistas este duro recorrido.
Por la tarde, de recompensa, pudimos dar una vuelta por el pueblo y comprar algunos recuerdos, y más tarde, volvimos al albergue y cenamos. Esta ya era la última noche aunque no hicimos nada especial. Tras este agotador día, no había muchas ganas de hablar, solo de descansar y reponer fuerzas.
En la mañana del tercer y último día, tocaba arreglar las maletas para regresar a casa, lo hicimos sin ganas porque nos lo estábamos pasando tan bien que nadie se quería ir. Pero antes de marcharnos, visitamos el Museo Jurásico de Asturias y posteriormente hicimos la famosa ruta de senderismo de los dinosaurios.
En el trayecto de regreso, el ambiente fue muy tranquilo, ya que muchas personas lo aprovecharon para echar una cabezada y unas horas más tarde, llegamos al Campus de Elviña a la hora prevista.
En resumen, una excursión divertida, emocionante y donde tanto los alumnos de 1º como los de 2º, convivimos como si fuésemos una gran familia.
Lucía Linares Obarrio (2º ESO) |